viernes, 12 de marzo de 2010

violencia (institucional) de género

El legislador del PRO Gerardo Ingaramo presentó un proyecto de ley para evitar acosos o situaciones de abuso en el subte, que consiste en implementar un vagón exclusivo para mujeres en la línea H. Es decir que para el señor legislador, la solución a este tipo de problemática no consiste en la revisión de los fundamentos históricos, sociales y culturales que dan lugar al abuso y la violencia de género y en su posterior tratamiento desde la educación, sino en instaurar una especie de jaula donde amontonar a las mujeres para que los hombres que se sientan tentados de acosarlas por lo menos no puedan echarles las manos encima ­–mientras están adentro, siempre existe el afuera, y las mujeres se tendrán que bajar del subte en algún momento–.

La naturalidad con que Ingaramo justifica el acoso (“El frecuente abarrotamiento de gente en el transporte público, sobre todo en horas pico, contribuye a que los casos de acoso y manoseo se multipliquen", Clarín online, 12/03/2010) desnuda una misoginia tan brutal que roza lo ridículo. Misoginia pasivamente aceptada –cuando no festejada– socialmente por la permanente construcción y circulación de un imaginario femenino estereotipado en todos sus aspectos, aún en aquellos que fueran considerados “terreno ganado” por la mujer frente a los dictados de una sociedad patriarcal (la imagen de la mujer obligada a un éxito equiparable al de los hombres es también una estereotipo de mujer).

La obscena despreocupación del bloque macrista por las cuestiones de género se hace evidente si se recuerda que en marzo de 2008 el gobierno porteño cerró el Observatorio de Violencia de Género implementado durante la gestión de Telerman (cuya función consistía en investigar la magnitud de la violencia de género a fin de desarrollar políticas públicas para su prevención), clausuró los talleres sobre Sexualidad, Género y Derechos Humanos para escuelas primarias, secundarias y formación docente, e intentó incorporar la línea de Asistencia a Víctimas de Violencia Doméstica a una línea de atención de reclamos ordinarios, despojándola de su especificidad y su contenido de género.