lunes, 19 de septiembre de 2005

.we're a happy family

MI gato Dante es la criatura más hermosa sobre la faz de la Tierra. Tiene unos ojos preciosos, como los de Julia, porque Julia y Dante en algún punto son como parientes. Dante es el hijo que adoptamos con mi esposa MeSh, unos meses después de haber constituido nuestro bello, pequeñísimo y anaranjado hogar. Todo iba bien hasta que MeSh decidió dejar su trabajo formal y dedicarse a vivir la vida loca. Naturalmente, esto afectó terriblemente a Dante, que empezó a comportarse de manera vandálica, porque como todos saben gracias a Mónica Cahen Danvers, los hijos de padres separados o ausentes son delincuentes en potencia.

Con el paso del tiempo, Dante comenzó a caer en pozos depresivos tremendos. A diario se recostaba sobre el monitor de la computadora mientras yo hablaba con MeSh o leía su blog para ver si estaba viva o qué era de su vida. El gato parecía sumamente abatido; claramente no comprendía por qué su madre lo había abandonado, y aunque yo hacía mi mejor esfuerzo para contenerlo, todo el mundo sabe que soy una perra infame y lo único que conseguí fue traumatizar más al pobre animalito.
Meshi seguía desaparecida, yo trabajaba de lunes a lunes, el gato descargaba su frustración sobre nuestras esponjas... las cosas estaban mal.


Tanta presión explotó a mediados de año, cuando Dante decidió que ya había tenido bastante de esta farsa y se tiró desde un tercer piso. Salió ileso. Esto acrecentó su resentimiento hacia la sociedad y lo llevó a vengarse despedazando los muebles y arruinándome los brazos a rasguñones, para que nunca olvide lo mala madre que soy.
No obstante, a veces se sumerge en profundos momentos reflexivos y reconsidera su vida frente a la ventana por donde se arrojó, a la que hemos bautizado "abertura Alejandra Pradón", en honor a los gatos que caen por ella.
Hace dos días que MeSh está en casa y Dante volvió a ser un niño pleno y desbordante de alegría, pero...

¿Cuánto más durará esta felicidad? ¿Cuánto?