viernes, 19 de febrero de 2010

scorpio

Mientras dormía, la puerta se abría o parecía abrirse, y también mis ojos, al punto de no saber si estaba o no despierta. El ventilador hacía el mismo ruidito acompasado que las uñas del perro sobre el piso de la escalera. No sabía si la puerta estaba abierta, si el perro estaba adentro, si lo que estaba adentro era un perro u otra cosa, una criatura nocturna y amorfa o la noción visceral del miedo.
Justo en el momento en el que el perro lamía mi mano -inexplicablemente al borde de la cama, fuera de la cama, aunque yo estaba del lado opuesto-, P. se despertó sobresaltado, con un grito breve y gutural, como en las películas. Tardé en darme vuelta, ahora sabía que estaba despierta, y también sabía que tenía miedo. Lo ví inclinado con la mirada atenta y pensé que él también lo había visto. No llegué a entender lo que me decía; sólo atiné a comprobar que no había nada en la habitación y me volví a dormir.
Más tarde, ya inmersos en el día los dos, me dijo que había soñado con un escorpión mental.

jueves, 11 de febrero de 2010

hopefully

Siempre llega el día en que nos detenemos en seco, levantamos levemente la cabeza, como olfateando el aire con asombro y recelo y nos damos cuenta de que, al fin, esa herida ha dejado de doler.

sábado, 30 de enero de 2010

la extinción de la humanidad

En la línea C de subte:

Chico: Qué calor, ¿no?
Mandona: Mh...
Chico: La verdad es que es insoportable. Y eso que hay poca gente...
Mandona: Seh.
Chico: Sí, porque yo trabajo en Coca-Cola y tengo que tomar el subte y con este calor blah blah bdeh tututututu...
Mandona: (%#º&!!!)

Las estaciones pasan. Llegan a destino. Se bajan.

Chico: Blah blah dadadada...
Mandona: Ahá.
Chico: Pipipiriririripipipi...
Mandona: Bueno, yo me tengo que ir para allá.
Chico: Bueno... ¿Tenés Facebook?
Mandona: No.
Chico: Ah... y... no sé, hacete uno.
Mandona: No me interesa tener Facebook.
Chico: Bueno... chau.

domingo, 10 de enero de 2010

sociales

Recordemos que el 20 de diciembre del pasado año, en Lomas del Mirador, lloró la Virgen.

sábado, 9 de enero de 2010

parando la oreja se aprende

Hermano: ¿por qué este pan dulce te salió así?
Madre: No sé. Lo hice como dice en la receta. Tengo miles de recetas y todas dicen lo mismo.
Hermano: Hay algo que no le pusiste...
Madre: Le puse tal como decía... Siempre sale igual...
Hermano: No, antes salía distinto.
Madre: Todos los pan dulces que comí, siempre, eran así. Toda mi vida.
Hermano: Bueno, yo todos los que comí eran diferentes...
Madre: Yo tengo más años de comer pan dulce que vos...
Hermano: ¿Y qué tiene que ver? Yo también comí pan dulce toda mi vida, tengo 32 años, comí bastante pan dulce...
Madre: Y yo tengo 63, comí más pan dulce que vos.
Hermano: ¿Sabés? Llega un momento en la vida en que ya no cuenta cuánto pan dulce hayas comido...