Ahora que se alargan con suavidad los días, quiero ver si entiendo un poco más esto. Aunque ya pasó tanto tiempo. Pasó más tiempo, creo, del que en verdad marcan los días. Pero la tibieza suele darme un poco más de comprensión
(¿de cordura?)
Quizá consiga ampliar el margen del disfrute; yo necesito aprender a disfrutarlo.
viernes, 20 de julio de 2007
martes, 10 de julio de 2007
Me asfixia el juego de las coincidencias, porque además no creo que coincidir sea compartir. Entonces necesito esa diferencia, ese plus, esa cuota de novedad y de sorpresa (no, de fascinación); y también de desinterés, por supuesto. El espacio para que la cotidianeidad se vuelva lo suficientemente asombrosa y extraña.
Y que esté cerca.
Y que me quiera.
Ah.
Qué viva.
lunes, 9 de julio de 2007
Resulta que hoy la gente se levantó y estaba nevando. Y salieron todos a la calle con sus guantes y sus trineos (?) a festejar el novedoso fenómeno. El aire se llenó con el espíritu contagioso de una especie de Navidad mutante, y todos fantaseaban con hacer un muñeco de nieve, o de barro, o de lo que sea, pero hacer un muñeco.
Y todos se reían y sacaban fotos, y vecinos que se odiaban intercambiaban gestos de complicidad, inmersos en una indulgencia temporaria, y los chicos miraban asombrados y jugaban con los copitos, cada vez más grandes y más nieve, y nadie les decía que se abriguen o que entren porque todos estaban afuera, porque estaba nevando, como en el Primer Mundo, carajo. Y la gente iba cazando micrófonos y cámaras, y, apenas se topaban con algo, encaraban y repetían como un coro: "es una bendición" o "es un milagro". Y todos, devorados por el infantil asombro, se olvidaron de todo lo que pasa.
Se olvidaron de la demonización del frío, de la crisis energética, de la falta de luz, de gas y de agua en las represas. Se olvidaron de que no está bueno Buenos Aires cuando hace frío. De que está bien que nieve en Suiza o en Holanda, donde todos van por debajo de un tubo calefaccionado. Pero que en Buenos Aires, el frío te mata. No a ellos, que tienen un techo, o una estufa que todavía les funciona. El frío mata viejos, chicos y pobres. Mañana, los medios se van a dividir entre las imágenes de la histórica nevada y el obituario de hipotérmicos, para el asombro y el morbo idiota de los desmemoriados.
jueves, 14 de junio de 2007
Yo creo fervientemente que el mundo está regido por una fuerza muy poderosa, a la que cada uno puede llamar como más le convenga, y que esa fuerza articula absolutamente todo lo que sucede sobre la Tierra. Creo, además, que esta Fuerza opera sobre los Hombres a través de la Justicia Retributiva. Pero como los Hombres se creen piolas y piensan que pueden hacer lo que se les dé la gana sin sufrir consecuencias, esta Justicia Retributiva no devuelve las cosas buenas y malas en igual medida, sino que por cada acto bueno devuelve uno, y por cada acto malicioso devuelve tres. Basándome en esto, voy a decirle al gorila incivilizado que festeja cualquier eventualidad de un partido de fútbol vaciando el cargador de una automática al aire, que, con esa misma automática, tu hijo de dos o tres años se va a pegar un balazo en la cabeza mientras vos dormís la siesta, o va a matar a un amiguito mientras juegan al Asalto al Blindado, o va a matar a tu mujer o, con un poco de suerte, te va a matar a vos.
No digas que no te avisé.
