Resulta que hoy la gente se levantó y estaba nevando. Y salieron todos a la calle con sus guantes y sus trineos (?) a festejar el novedoso fenómeno. El aire se llenó con el espíritu contagioso de una especie de Navidad mutante, y todos fantaseaban con hacer un muñeco de nieve, o de barro, o de lo que sea, pero hacer un muñeco.
Y todos se reían y sacaban fotos, y vecinos que se odiaban intercambiaban gestos de complicidad, inmersos en una indulgencia temporaria, y los chicos miraban asombrados y jugaban con los copitos, cada vez más grandes y más nieve, y nadie les decía que se abriguen o que entren porque todos estaban afuera, porque estaba nevando, como en el Primer Mundo, carajo. Y la gente iba cazando micrófonos y cámaras, y, apenas se topaban con algo, encaraban y repetían como un coro: "es una bendición" o "es un milagro". Y todos, devorados por el infantil asombro, se olvidaron de todo lo que pasa.
Se olvidaron de la demonización del frío, de la crisis energética, de la falta de luz, de gas y de agua en las represas. Se olvidaron de que no está bueno Buenos Aires cuando hace frío. De que está bien que nieve en Suiza o en Holanda, donde todos van por debajo de un tubo calefaccionado. Pero que en Buenos Aires, el frío te mata. No a ellos, que tienen un techo, o una estufa que todavía les funciona. El frío mata viejos, chicos y pobres. Mañana, los medios se van a dividir entre las imágenes de la histórica nevada y el obituario de hipotérmicos, para el asombro y el morbo idiota de los desmemoriados.
lunes, 9 de julio de 2007
jueves, 14 de junio de 2007
Yo creo fervientemente que el mundo está regido por una fuerza muy poderosa, a la que cada uno puede llamar como más le convenga, y que esa fuerza articula absolutamente todo lo que sucede sobre la Tierra. Creo, además, que esta Fuerza opera sobre los Hombres a través de la Justicia Retributiva. Pero como los Hombres se creen piolas y piensan que pueden hacer lo que se les dé la gana sin sufrir consecuencias, esta Justicia Retributiva no devuelve las cosas buenas y malas en igual medida, sino que por cada acto bueno devuelve uno, y por cada acto malicioso devuelve tres. Basándome en esto, voy a decirle al gorila incivilizado que festeja cualquier eventualidad de un partido de fútbol vaciando el cargador de una automática al aire, que, con esa misma automática, tu hijo de dos o tres años se va a pegar un balazo en la cabeza mientras vos dormís la siesta, o va a matar a un amiguito mientras juegan al Asalto al Blindado, o va a matar a tu mujer o, con un poco de suerte, te va a matar a vos.
No digas que no te avisé.
viernes, 1 de junio de 2007
miércoles, 23 de mayo de 2007
Me da risa que el Departamento de Seguridad de los Estados Unidos se explaye tan ligeramente sobre los peligros del turismo en Buenos Aires, advirtiendo a los viajantes norteamericanos que "los visitantes deben estar alerta de ladrones, carteristas y timadores, tanto en la calle como en lobbies de hoteles y en los puertos a los que arriban cruceros", por ejemplo. Todas estas cosas pasan, es cierto. Pero también es cierto que no son de su incumbencia. Y antes de despacharse sobre otros países, estaría bueno que la Seguridad Nacional norteamericana advierta a la población los peligros de estudiar en sus prestigiosas Universidades, a riesgo de ser víctima de un asesino psicópata producto de su morboso sistema de valores sociales. Ponele.
