QUÉ bueno que no soy:
* Uno de los que se disfrazan de empanada de Sólo Empanadas y bailan como defectuosos en los semáforos.
* Susana Giménez vestida de amarillo en la entrega de los Martín Fierro, comiendo como un jabalí y gritando como un barrabrava.
* Ninguno de los dos mamotretos que Diego Maradona llama "sus nenas".
* Luisina Brando desayunándose de todos los actores que se habían muerto sin que ella se diera cuenta.
* Lionel Messi lesionado a una semana del Mundial.
* El Mimo de la plazoleta de Las Heras y Calzada Circular.
* El asesor de imagen de Pinky.
* Antonio Birabent.
martes 30 de mayo de 2006
sábado 27 de mayo de 2006
EN su momento fue Mc Donald's y su política de reclutamiento de adolescentes en edad escolar que querían trabajar para solventarse la cerveza los fines de semana. Ahora son los Call Centers. De repente todos trabajaron/ trabajan/ conocen a alguien que trabaja o trabajó de telemarketer. Todos coinciden en lo mismo: las secuelas son irreversibles. Son más bien como una secta. El telemarketer reúne todas las condiciones para ser un personaje de Juego de Rol.
martes 23 de mayo de 2006
NO importa lo que haya pasado en el transcurso del día, si hubo cosas buenas o malas, si el balance dio positivo o negativo. Yo llego a mi casa, y que me hable tal o cual persona por msn, o escuchar tal o cual canción marcan la diferencia. Mi humor está sujeto a la música o a emociones que no surgen directamente de lo que hago durante el día. No puedo evitar cuestionarme, entonces, qué es lo real y qué incidencia tiene sobre mí.
viernes 19 de mayo de 2006
jueves 18 de mayo de 2006
ESCUCHAME una cosita, pelotudo: si yo quisiera salir a pasear por la ciudad a las ocho y media de la noche después de un día entero de laburo, me alquilaría un mateo en el Zoológico. Hay un tiempo estimado de viaje que yo tengo en cuenta cuando me subo a un colectivo, pero si vos vas a veinte porque tenés ganas de ver cómo cambian de color los semáforos yo nunca voy a llegar a horario, no sé si me comprendés, defectuoso. Yo tengo mucha consideración con casi todo el mundo, pero la próxima vez que me toque de chofer un incapacitado mental no voy a parar hasta que termine juntando cartones por el resto de su miserable y parasitaria vida.
martes 16 de mayo de 2006
LA incidencia que los Strokes tuvieron sobre los cortes de pelo de la muchachada argentina es altamente favorable para el país y para toda la humanidad. Estén al tanto de eso.
jueves 11 de mayo de 2006
por ejemplo
LLORAR en público queda mal. Reírse solo es síntoma de locura. Las canas se tienen que tapar. Los hombre no lloran. Nadie puede casarse con más de una persona a la vez. No se puede comer con las manos ni parado. Algunas palabras no se pueden decir. No se le puede decir a una mujer que algo que tiene puesto le queda mal. No se puede cantar por la calle. No se puede hablar en voz alta estando solos. A un hombre no puede gustarle la hermana de un amigo. No se puede mirar gente del mismo sexo por la calle. La gente no dice abiertamente cuando alguien le gusta. No se puede mezclar lo dulce con lo salado.
¿Por qué, a ver, por qué?
martes 9 de mayo de 2006
— me dijeron que es la última vez que venís...
— sí, es la última vez.
— ¿y no te voy a ver más?
— acá no, pero seguro que me vas a ir a visitar.
— ah. Menos mal.
— ¿y qué pasaría si no me ves más, a ver?
— me muero.
LA Susanita que hay en mí moría por que alguna vez me dijeran eso. Mi suerte quiso que quien me lo dijo tenga seis años...
Por lo tanto, y a modo de autoconsuelo, voy a compartir con ustedes esta hermosa canción.
lunes 8 de mayo de 2006
SENTADA en la sala de espera de la Clínica Veterinaria Central, con la jaulita del gato sobre las piernas, el gato dentro de la jaulita, una aguja de coser dentro del gato y una orden de Rayos X en la mano. Suena el teléfono de la recepción, atiende una enfermera:
- (...)
- sí, señora, no se preocupe, nosotros...
- (!!!!!)
- bueno, pero cuando sepamos algo o el perrito evolucione la llam...
- (@%/!$*·$%!!!!)
- sí, sí... bueno, quédese tranquila, nostros la llamamos. Sí. Hasta luego.
Aparece un veterinario, la enfermera le comenta: "¿sabés quién era la del teléfono? La señora (algo)... la del perrito que está internado por (no sé qué cosa) Dice que por favor le avisemos cómo va el animal, que ella quiere estar al tanto... que ya se le murió uno por nuestra culpa y no quiere que se le muera otro..."
Me emocionaron el tacto y la sutileza de la mujer.
Imbécil.
domingo 7 de mayo de 2006
viernes 5 de mayo de 2006
YO solía ser una persona muy puntual. Llegaba al lugar al que iba en el momento en el que el reloj indicaba la hora de la cita. Verdaderamente era así. A veces un minuto antes, a veces uno después, pero casi siempre estaba ahí a la hora en punto. Pero un día, hace unos años, me sucedió algo sumamente extraño. Estaba en un bar en la Facultad de Letras y de repente desaparecí. Y no desaparecí sola, sino que desaparecí junto a una de mis primas y a todos los libros y apuntes que llevábamos con nosotras, y a todo lo que había arriba de la mesa del bar. Durante una hora desaparecimos mi prima y yo, dejando la mesa vacía. Y yo sé que desaparecimos, porque durante ese lapso de tiempo una amiga nuestra con la que nos habíamos citado a estudiar también desapareció; también estuvo en el bar, esperando, escuchando la misma música, y viendo las mismas otras mesas con la misma otra gente, y controlando el tiempo en el mismo reloj que mi prima y yo. Cuando nos encontramos en la clase a la que las tres teníamos que entrar, nos recriminamos mutuamente no haber ido al bar como habíamos quedado. Fue ahí cuando descubrimos con espanto que habíamos desaparecido. Nunca supimos dónde estuvo ella, y ella nunca supo dónde estuvimos nosotras: las tres pensábamos que estábamos en el bar de la Facultad.
Desde ese momento, mi manejo del tiempo sufrió alteraciones insólitas. Soy capaz de llegar una hora y media antes o media hora después a cualquier lugar, habiendo salido de mi casa a horario. Nunca más volví a llegar puntualmente a ninguna parte.
jueves 4 de mayo de 2006
miércoles 3 de mayo de 2006
la violencia
SOLEDAD era compañera mía de la secundaria. Nunca nadie tuvo mejor puesto su nombre. Era hija de un tiránico comisario retirado y una adicta a la nicotina apagada y sumisa. Su casa era una cueva de represiones y silencios. Las actividades más cotidianas y elementales requerían el permiso del patriarca, que pasaba sus días de jubilado sentado en una silla en el fondo, sin hablar con nadie ni reírse jamás, perdido en sus recuerdos de venias y uniformes.
En cuanto Soledad pisaba la calle, se desconaba. La vimos ir perdiendo el control de a poco, hasta que, ya terminando el colegio, su vida se desbarató completamente. La obligaron a casarse a los diecinueve años luego de quedar embarazada de un novio que su familia despreciaba. Sin un centavo para erigir un hogar propio, le armaron un bulín improvisado separando su habitación y un baño del resto de la casa. Así vivía hasta la última vez que la ví, hace un par de años, mientras llevaba adelante un segundo embarazo, estratégicamente planeado para lucir la panza en su nueva bikini.
Un día, mientras charlábamos de cualquier cosa en el aula en medio de una hora libre, Soledad sonrió abiertamente, con los ojos iluminados, y con la voz llena de emoción y ternura nos dijo: "Chicas, no saben: ayer, mi papá me estaba explicando una cosa de la computadora, y sin querer me trató de vos. No sé, se le habrá escapado, porque vieron cómo es él... Pero a mí me puso re contenta; siempre me trató de usted, y cuando me dijo vos... no sé, como que lo sentí un poquito más cerca".
martes 2 de mayo de 2006
A la gente que tiene auto y se niega a llevar a alguien porque se desvía un poco de su camino deberían sacarle el registro.



